El lunes estreno la SUBE. Deséenme suerte.
sábado, 4 de agosto de 2012
Alicia ya no viaja así
El lunes estreno la SUBE. Deséenme suerte.
domingo, 26 de febrero de 2012
Vicki mon amour
sábado, 14 de enero de 2012
Don't mess con mi pelo, papi
martes, 11 de enero de 2011
Para los que hemos mirado las canciones de María Elenita
Muchachos, se fue María Elena, y tenemos que seguir cuidándole el mundo que creó. Propongo que nos repartamos las tareas:
Uno que abrigue a la leche que tiene frío.
Uno que no le tire con cuchillo a la naranja que se pasea de la sala al comedor.
Uno que prevenga a la hormiga Titina de los peligros de caminar con maña por la telaraña.
Uno que se lamente porque el último tranvía que rueda todavía se vaya, se vaya, se vaya.
Uno que sea duende fiel del jardín y les toque el cascabel a las flores cuando estén tristes.
Uno que sienta llover una flor y otra flor celeste de jacarandá al este y al oeste.
Uno que tome solcito a la orilla del mar con Perro Salchicha.
Uno que adivine, adivinador, adivine.
Uno que le pregunte a Manuelita dónde va.
Uno que escuche cantar mucho a Juan Poquito.
Uno que baile chacarera con los gatos.
Uno que piropee a la bella sirena buena buena.
Uno que apunte con el dedo a la reina Batata.
Uno que no llore con la vacuna Luna-luna-lú como el brujito de Gulubú.
Uno que avise que por el camino vienen los Reyes Magos.
Uno que no se ría de las monerías de la Mona Jacinta.
Uno que vea vea vea que vuelan estampillas por el correo.
Uno que consuele al gato Confites cuando le duela la muela.
Uno que junte tira con tirita, y ojal con botón.
Uno que llame José al sol cuando sale y escuche al pajarito chino cantar en japonés.
Uno que cuente las cosas que quería comprar el osito Osías en un bazar.
Uno que rumie la lección en un rincón junto a la vaca de Humahuaca.
Uno que vea o no vea al gato que pes- allí, allí, sentado en su ventaní-.
Uno que perdone a la viuda Pájara Pinta ponerlo triste cuando la oiga cantar.
Uno que anuncie que en Belén ha nacido un Niño con tres pecas en la nariz.
Uno que no espante a las polillas que comen lana de color con cuchillo y tenedor.
Uno que le unte la mermelida Don Enrique del Meñique, el que se enganchó los pantalines.
Uno que adivine quién es ésta, que está en el aljibe con su camisón.
Uno que mire sin ver los mil quinientos treinta chimpancés del señor llamado Andrés en el Reino del Revés.
Uno que estornude a-a-a-a-a-a-chís.
Uno que escuche a D's dictándole el argumento al señor Juan Sebastián.
Uno que dé un pasito para allí y no recuerde si lo dio.
Uno que pida que se enciendan las nuevas luces del viejo varieté.
Uno que se queje de lo vivos que son los ejecutivos.
Uno que publique que una madre ama a su crío con su caca, en plena vigencia del País-Jardín-de-Infantes.
Uno al que le duela si se queda, pero que le duela si se va.
Uno que a la hora del naufragio y la de la oscuridad nos rescate para ir cantando al sol como la cigarra.
© El muy walshesco siervo de vuestras reverencias, aka Mariano Hellmuth
10/1/2011
domingo, 28 de septiembre de 2008
Así: Mundo 1, Yo 0
Por lo general desprecio la actitud que tienen las personas que se encuentran aturdidas por «el mundo», que tan poco los comprende y tantas desgracias les acarrea.
Como me gusta decir, siete mil millones de personas no pueden estar equivocadas. ¿No es más fácil, más prudente, más piola, más afectivamente económico suponer que es uno el que tiene el punto de vista inadecuado?
Siguiendo con la línea de Gibran, dejo otro texto del mismo libro. Pero no considero a Gibran un resentido, aunque se dirija a algún dios. Busca la solución al problema del mundo fuera del sistema de este mundo, pero expresa tan profundamente las cosas, que le concedo el beneficio de la duda. El mundo que pinta es muy similar al que veo yo, pero a mí me gusta buscarle otra vuelta...
Dios de las almas perdidas, Tú que estás perdido entre los dioses, escúchame;
Destino Gentil que velas por nosotros, locos, espíritus fugitivos, escúchame:
Habito en medio de una raza perfecta, yo, el más imperfecto.
Yo, un caos humano, una nebulosa de elementos confusos, transito entre mundos acabados, gentes de leyes cabales e impecable orden, cuyas creencias están contabilizadas, cuyos sueños están calculados, y cuyas visiones están ya anotadas y registradas.
Sus virtudes, oh Dios, están medidas, sus pecados están sopesados, e incluso las incontables cosas que ocurren en el oscuro crepúsculo de lo que no es pecado ni virtud están guardadas y catalogadas.
Sus días y noches están divididas en etapas de comportamiento y gobernadas por reglas de una exactitud impune:
Comer, beber, dormir, cubrir la propia desnudez, y hasta estar cansado en el momento indicado;
El trabajo, el juego, el canto, el baile, e incluso irse a dormir cuando el reloj indica la hora;
Pensar de cierto modo, sentir de determinada manera, para dejar de pensar y de sentir cuando una estrella se eleva sobre el horizonte;
Robar a un vecino con una sonrisa, el darse regalos con un simpático gesto, elogiar hábilmente, inculpar cautamente, destruir un alma con una sola palabra, calcinar un cuerpo con el aliento, y también lavarse las manos cuando el trabajo del día ha finalizado;
Amar de acuerdo a una regla estipulada, satisfacerse a sí mismos del modo acostumbrado, adorar a los dioses convenientemente, intrigar a los demonios arteramente… y después olvidarlo todo, como si la memoria hubiese muerto;
Tener afecto con algún motivo, observar con consideración, ser felices dulcemente , sufrir noblemente… y luego vaciar la copa que mañana nuevamente habrán de llenar.
Todas estas cosas, oh Dios, son concebidas con juicio, generadas con determinación, cuidadas con rigor, manejadas por normas, regidas por la razón, y asesinadas y sepultadas siguiendo un método prescrito. Hasta sus tumbas silenciosas, que yacen en el interior del alma humana, están rotuladas y numeradas.
Éste es un mundo perfecto, un mundo de excelencia intachable, un mundo de sublimes maravillas, el más exquisito de los frutos del jardín de Dios, el esquema perfecto del universo.
Pero ¿por qué debo estar aquí, oh Dios, yo, una semilla infértil de una pasión insatisfecha, una loca tormenta que no va hacia el oriente ni el occidente, un azorado despojo de un planeta arrasado?
¿Por qué estoy acá, oh Dios de las almas perdidas, Tú que estás perdido entre los dioses?
viernes, 26 de septiembre de 2008
Un poema para el otro
Amigo, yo no soy lo que parezco. Mi apariencia es un atavío que llevo, un abrigo que me protege de tus cuestionamientos, y a vos de mi negligencia.
El «yo» que hay en mí, mi amigo, mora en la casa del silencio, y allí permanecerá por siempre, inadvertido, inasequible.
No pretendo que creas en lo que digo, ni que te fíes de mis acciones, pero mis palabras no son nada sino tus propias ilusiones transformadas en voz, y mis acciones son tus esperanzas, hechas realidad.
Cuando decís: «El viento sopla hacia el este», digo: «Ah, sí, sopla hacia el este», porque no quiero que sepas que mi mente no está en el viento, sino en el medio del mar. No podés comprender mis pensamientos navegantes, ni me preocupa que los comprendas. Estoy en el mar, solo.
Cuando es de día para vos, mi amigo, es de noche para mí; incluso te hablo del sol del mediodía que danza por las colinas y de la sombra púrpura que se cuela furtivamente entre los valles, para que no puedas oír los sones de mi oscuridad, ni verme agitar mis alas hacia las estrellas. Pícaramente no dejo que puedas oírme ni verme. Estoy en la noche, solo.
Cuando ascendés a tu cielo, yo me bajo a mi infierno; desde allí tu voz atraviesa nuestro abismo invadeable, y me dice: “¡Mi par, mi camarada!”, y te respondo: “¡Mi par, mi camarada!” para que no puedas ver mi infierno. Las llamas abrasarían tu vista, y el humo te dañaría. Yo amo a mi infierno; tanto, que no te dejo visitarlo. Estoy en el infierno, solo.
Vos amás la Verdad, la Belleza, la Rectitud; y para darte el gusto digo lo mismo, y finjo amar esas cosas. En lo más íntimo de mi corazón, yo me río de esos valores tuyos. Pero no te dejo ver mi risa. Yo me río, solo.
Mi amigo, sos bueno, candoroso y sabio; ¡qué va! Sos perfecto. También yo te hablo sabiamente y candorosamente. Pasa que yo… yo estoy loco. Pero disfrazo mi locura. Estoy loco, solo.
Mi amigo, vos no sos mi amigo. Pero ¿cómo hacértelo entender? Mi camino no es el tuyo, pero vamos juntos, mano en mano…
El muy humilde amigo de vuestras reverencias
miércoles, 24 de septiembre de 2008
Pandemia de autorreferencialidad
Y todo por tener un Omega
Con delay, un par de días después, me vino a la mente la mejor publicidad que recuerdo haber visto, hace como una década, en El show creativo de mi coterráneo Gujis -y que Youtube no ha tenido la generosidad de refrescarme esta vez-. Era de los relojes Seiko, sobre un hombre y una mujer, caminando en la multitud -ah, los que vivieron aunque sea un par de años con conciencia en los 80 me comprenderán-, en direcciones que los llevarían inexorablemente a chocarse, a mirarse, a conocerse, y a comenzar a considerar el resto del tiempo como un asunto de dos.
Y no, cuando convergieron en el punto fatídico... ni llegaron a rozarse, y siguieron de largo. Uno de los dos seguramente no usaría un Seiko, y por un segundo mal calibrado no fue lo que iba a ser.
¿Adónde quiero llegar? Como siempre, a ningún lado.
Para un rato de ocio, o de tribulaciones: «Cobardía» de Luis Durand y «El relojero» de Mamerto Menapace (¿Reminiscencias catolicosas? No, el cuento es muy lindo, pese a la analogía inverosímil).
El muy humilde siervo de vuestras reverencias
La función agota al órgano
De repente, casi hombre, me veo dueño una serie de nuevos órganos, que, como todo órgano, yo no elegí tener, y a los cuales tendré que asignar alguna función, para que no se vuelvan un contrapeso.
Ahora se me ocurre estúpidamente que la vida es un plan como los que te diseña un empleaducho ignorante -de esos que escrituraron la década pasada-, y que te venden unos energúmenos por teléfono, y que vos aceptás comprar y pagar; pero, leyendo la letra chica del contrato que te envían semanas después de la adquisición, te das cuenta de que hay una serie de intereses y servicios extra que no te queda otra que pagar... hasta que puedas rescindir. Y no hay protección al consumidor que pueda con tan poderosa empresa multiplanetaria...
El muy humilde siervo de vuestras reverencias
Fatiga atlántica

Tenés los hombros irreconocibles por las escaldaduras de mi firmamento. Las venas de tu cuello laten como si por ellas corriera lava, y no sangre. Las gotas de tu sudor se funden con las lágrimas de tu agotamiento. Tus codos se sacuden con una cadencia de Vesubio. Tu faz de Ecce Homo mueve.
Alguna vez mi bóveda te iba a empezar a pesar, y ese momento es definitivamente éste. Es muy difícil acomodar los astros... más cuando muchos de ellos se mantuvieron inertes veintiséis años.
Que no falle tu muñeca.
lunes, 18 de agosto de 2008
Pour Connie, avec tout mon amour [Posteo original: 22/12/06]
Este fotolog se va liquidando, ella lo exigió, y la justicia es hacerlo:
Porque es la única mina de mi entorno que curte estas cosas raras como un fotolog y me guía en sus laberintos como Ariadna cibernética, y no me hace sentir el único salame, ni me critica lapidariamente mis posteos –aun siendo propietaria de la lengua más filosa que conozco–. Y encima, firma.
Porque es la única que nunca me dice “No”, ni “Sí, pero...”, sino: “Uuuuuuuh, Marian, ¿cuándo empezamos?”.
Porque es el único personaje que aparece discretamente una y otra vez en mi biografía, desde que éramos muy pibes –aunque nunca acreditó tener esa foto mía de impúber en Maciel–, como el Govinda de Siddharta, la Jenny de Forest Gump y el Bo-bo de Mr. Burns.
Porque, a raíz de eso, es la única figurita que está en casi todos los álbumes de la gente de nuestra generación de Adrogué –prácticamente TODOS la conocemos desde chicos–.
Porque es la única que se bancó conmigo pasar la madrugada del primer día de este año en Adrogué, cuando todos los otros esnob (ja, ja, ja...) se fueron a la fiesta del San Albano.
Porque es la única que me prestó su camilla esa misma noche, cuando me achacaban mi hipo crónico y mi gamba acalambrada.
Porque es la única que se prende en una conversación filosófica, literaria y farmacológica, ya sea en inglés, francés o portugués.
Porque es el único ser humano que conozco que me demostró que le pudo sacar el jugo a Freud.
Porque es la única persona que, sin seguir a la manada, es capaz de ser igual a sí misma.
Porque es mi única sacerdotisa del Falgos, Ibupireta, Clonazepam o Sildenafil.
Porque brindaremos el 8/12/2081 y el 16/3/2086.
Para la hetaira monegasca, latina y semita, va dedicado este merecido posteo
Crónicas de un cumpleaños II: Cantinero, sirva otro champú, que invita María... [Posteo original: 13/12/06]

Crónicas de un cumpleaños I: ¡Toda! [Posteo original: 9/12/06]
VINGT-CINQ TWENTY-FIVE VINTECINCO FÜNFUNDZWANZIG VENTICINQUE VEINTICIGASINCO [Posteo original: 8/12/06]
The Blue Rose [Posteo original: 7/12/06]
Les paso un testimonio personal a la víspera de mi natalicio. [N. del R: Qué añoranzas... todavía tenía 24 pirulines...]
Jenny es una nena, una nena adorable de ojos castaños y de cabello también castaño oscuro.
Si el pelo se le viene a los ojos, lo corre a un costado, pero no se lleva la mano a la frente directamente, como cualquier otra nena. Ella la hace revolotear como una flor al abrir sus pétalos. Y después aparta los cabellos que le cubren los ojos.
Y es que ¿saben? Jenny es diferente. ¿Diferente? Sí, diferente a la mayoría de las nenas. Porque indudablemente no todos somos iguales, no pensamos igual, no actuamos igual, ni nos vemos igual.
Para mí, Jenny es una rosa azul. ¿Cómo, una «rosa azul»? ¿Han visto alguna vez una rosa azul? Hay, desde ya, rosas blancas y rosas color rosa; hay rosas amarillas y, por supuesto, montones de rosas rojas, pero... ¿azules?
Todo buen jardinero quisiera cultivar una rosa azul. Sólo por verla, muchedumbres enteras vendrían de muy lejos; sería una rosa singular, diferente y bellísima.
También Jenny es diferente. Por eso, a su modo, se parece a una rosa azul.
Cuando Jenny vino del hospital a casa era una bebé rosada, tierna y redonda, que lloraba más que otros chicos. ¿Por qué? Porque tal vez veía otras sombras que la atemorizaban. Percibía quizás sonidos que eran extraños para ella. Cuando fue un poco más grande, Jenny estaba siempre al lado de su mamá y se abrazaba a ella con fuerza.
Según cuentan, cuando un gatito pierde la cola, se le afina el oído. Es cierto que la cola ayuda al gato a correr más rápido, pero un gato sin cola oye mejor y percibe las pisadas más pronto que los otros gatos. Cierta gente ignora que tales gatos tienen un oído finísimo: sólo ve que les falta la cola. No faltan chicos crueles que al mirarlos se burlan: «¡Gatito sin cola! ¡Gatito sin cola!». A veces, Jenny corría buscando a su mamá y la abrazaba fuerte. Al menos sin ninguna razón que notemos a simple vista.
Así, acabamos comprendiendo que Jenny vivía en un mundo un poco diferente, en cierta forma desconocido para nosotros. Y comenzamos a darnos cuenta de que habitaba un mundo en el cual quizás nosotros no nos sintiéramos tan bien como en el nuestro propio. Tal vez el ir a él equivaldría de algún modo viajar a otro planeta.
Podría decirse que Jenny se encuentra detrás de un biombo, un biombo invisible para nosotros. Tal vez esté pintado de colores preciosos. Es posible que estos colores la distraigan y que a veces le impidan prestarnos atención cuando le hablamos . O quizás, es que escucha alguna música que no alcanzamos a oír.
Se asegura que los peces usan un lenguaje y una música que sólo ellos pueden interpretar, traída por las olas. Una música que no podemos oír, porque el oído humano no es lo bastante delicado. Puede ser, entonces, que Jenny quizás perciba sonidos que nunca oímos nosotros. Tal vez por eso suele dar un salto y entregarse a su baile desgarbado.
En ocasiones me figuro que Jenny es como un pájaro, un pajarito de alas muy cortas. Para un ave así, volar es difícil: le exige más fuerza, mayor trabajo, más tiempo. Para el ave de alas normales, volar es natural, pero el pájaro alicorto tiene que esforzarse más para aprender. En cierto modo, tiene que ser más inteligente. Y por lo tanto, debemos comprender cuánto ha logrado Jenny después de que aprende algo.Y todavía existe otra Jenny, que, cuando sopla el viento, alguna tarde tormentosa de invierno, está sentada en su mecedora, sola, hamacándose, arrullando a su muñeca en brazos. Se siente perpleja e inquieta en su interior; y murmura despacito: «Mami, Sally dice que soy retrasada. ¿Qué quiere decir eso, mamita? “Retrasada”, repiten los chicos, y se ríen. ¿Por qué se ríen, mamá?».
Hay muchas cosas que Jenny no puede comprender. Y hay muchas cosas, también, que otras personas no entienden al tratarse de Jenny. Que Jenny es como un gatito sin cola, que es otra la música que llega a sus oídos... que Jenny es como un pajarito de alitas cortas, y que por ello necesita protección.
Jenny es como una rosa azul, delicada y exquisita. Y, siendo tan pocas las rosas de color azul, sabemos muy poco de ellas. Sólo sabemos que hay que cuidarlas con mayor esmero... y quererlas mucho más.
Hans Moleman's Attitude [Posteo original: 6/12/06]

jueves, 14 de agosto de 2008
Carissimi amici miei...
Por lo pronto, cumpliré con el primer objetivo. Arrivederci, juantoperos.
- Los textos llevan su fecha original de publicación.
- Los comentarios en rojo y entre corchetes son aclaraciones necesarias para la comprensión del contexto.
- Los párrafos entre corchetes y en bastardilla son funcionales a la mecánica del fotolog, pero no de este blog.
